¿QUÉ FUE DEL MITO OBAMA?

 

ANÁLISIS DE LA CAÍDA DEL “FENÓMENO” OBAMA ANTE SU PRIMERA GRAN CITA ELECTORAL

Los comienzos del cambio

El 27 de julio de 2004 pasó a la historia de la política americana como el día en el que Barack Hussein Obama impactó por primera vez en la conciencia de los norteamericanos. Fue con un discurso que él mismo redactó y que fue clamorosamente acogido durante su intervención en la Convención Nacional Demócrata en Boston.  Por entonces Obama era un simple político regional (con acta de senador provincial por el estado de Illinois) que aspiraba a un asiento en el senado federal. 

 

Aquel 27 de julio fue una de esas noches mágicas en las que el hasta antes “desconocido” Obama subió a la tarima principal del escenario y brilló con luz propia. En su discurso ofreció un anticipo de los temas que, dos años después, cautivarían a los Estados Unidos: su notoria historia personal y una capacidad de articulación y de conexión con la audiencia que no se había visto desde la época de Jack Kennedy.  Fue en este discurso donde Obama empleó públicamente por primera vez la frase “la audacia de la esperanza”, que se convertiría en el título de su segundo libro.  Aquél discurso en Boston pronunciado por aquel joven, zurdo y por entonces fumador empedernido Barack, ya está catalogado como una de las piezas oratorias más brillantes de la historia política americana. Incluso hoy, facultades como Harvard, ofrecen un curso de narrativa política donde dedican un módulo entero a analizar este discurso.  

Por aquel entonces yo estaba estudiando en la facultad de derecho de la Universidad de Chicago, donde Obama era profesor de derecho constitucional desde el año 1992. El día de las elecciones en las que Obama fue elegido senador, trabajé como voluntario en su campaña como parte del equipo de GOTV (get out to vote) en el barrio del South Side de Chicago, donde él residía y bajo la circunscripción electoral donde depositó su voto. Obama se adjudicó el escaño de senador por Illinois recibiendo el respaldo de más del 70% del voto.

Desde el momento de su elección al senado su liderazgo carismático fue en aumento. A partir de entonces, Obama comenzó a reflejar el vivo ejemplo de una propuesta de cambio, volviendo a la base del sueño americano y encadenando una retórica capaz de atrapar y apasionar los corazones y las mentes de los ciudadanos que tenían la oportunidad de escucharle hablar.  

Tras anunciar su candidatura a la presidencia (hay que recordar que al comienzo de su campaña apenas recibía cobertura en los medios – Hillary Clinton y John Edwards eran a priori los favoritos para optar por la candidatura demócrata), Obama comenzó a rescatar los valores que fueron la piedra angular de los Estados Unidos desde su independencia y supo combinar las demandas de la realidad del momento con el vuelo de la ideas y del pensamiento. Era el candidato perfecto para un momento en la historia perfecto. 

De la noche a la mañana Obama, con tan solo 46 años, se convirtió en el primer candidato de color con verdaderas posibilidades de llegar a la presidencia. Sus mítines pasaron a asemejarse a grandes citas deportivas o a conciertos de rock.  Hillary Clinton, en una de sus frases más célebres pronunciada durante el proceso de primarias, afirmó que “Obama es la poesía, mientras que yo soy el verso”.

 Después de aquel “supermartes” del 5 de febrero de 2008, donde se realizaron las primarias para 22 estados de manera simultánea, el New York Times ya describía a Obama como el “mejor orador demócrata de los últimos 50 años”, poniéndole a la altura de tan célebres figuras como Abraham Lincoln, Martin Luther King Jr. y más recientemente, John F. Kennedy.

En el lado estratégico, su director de campaña David Plouffe y su asesor político David Axelrod diseñaron una impecable campaña de movilización de bases (denominada “grassroots”), recaudando la impresionante cifra de 650 millones de dólares (de los cuales 500 millones se recaudaron mediante pequeñas donaciones de menos de 200 dólares), que posteriormente fueron destinados para implementar la exitosa y mundialmente conocida campaña de “Obama for America”.

Desde aquí la historia es bien conocida: ganó las elecciones con el 52,9% de los votos (McCain obtuvo el 45,7%) y entró en la Casa Blanca con un índice de popularidad del 79%, una cifra histórica (Clinton tuvo un índice del 62% y George W. Bush del 65%).

El mito Obama se enfrenta a la realidad

No es lo mismo dirigir y ganar una campaña electoral a gobernar un país de más de 300 millones de habitantes durante un periodo de recesión económica y con dos guerras heredadas. En este nuevo campo de batalla ya no valen los mensajes de esperanza, de nada sirven los slogans de “cambio” y un proyecto que vuela bien alto en el mundo de la oratoria pero que posteriormente necesita tener los pies bien pegados a la realidad del día a día para que sea realmente viable. 

Tan solo ocho meses después de jurar el cargo de presidente con un índice de aprobación considerado como uno de los más altos de la historia presidencial norteamericana, Obama ya comenzó a “suspender” con un índice por debajo del 50%.  De hecho, Obama está considerado  como uno de los presidentes que más rápido ha caído por debajo del 50% de aprobación desde su toma de posesión. 

 

Como bien indica el grafico, de los últimos 11 presidentes tan solo dos (Clinton y Ford) tuvieron peor índice.  De hecho, tanto George H. Bush como George W. Bush gozaron de una “luna de miel” presidencial de 3 años, mientras que a Obama le duró solo 10 meses.

¿Cómo es posible explicar este giro tan drástico y rápido? 

Como en la mayoría de las catástrofes aéreas, el accidente suele ocurrir por una secuencia o  cúmulo de circunstancias que finalmente desencadenan la tragedia. En el caso de Barack Obama y su rápido desgaste, no existe una razón que por sí sola que haya creado esta espiral, sino que se han dado (y aun se están dando) una larga serie de eventos consecutivos o solapados que tienen una correlación directa con su índice de popularidad y de aprobación.

A continuación paso a analizar algunas de las razones que considero más relevantes:

  • En primer lugar hay que tener en cuenta que el sistema político de los EE.UU. es, en muchos aspectos, muy distinto al que tenemos en España.  En EE.UU. existe una división de poderes mucho más clara entre el ejecutivo y el legislativo (congreso y senado).  Los senadores y diputados no tienen que votar en bloque ni de acuerdo con lo que diga o proponga el presidente del ejecutivo.  Es decir, Obama no tiene potestad, o por decirlo más coloquial, Obama no es el “jefe” de ninguno de los diputados o senadores y por tanto, ellos no están obligados a escucharle, aunque pertenezcan al mismo partido.  Los diputados y senadores responden directamente a su electorado, no al presidente.  Obama está teniendo una dificultad mucho mayor a la que se esperaba para captar los votos necesarios en ambas cámaras.

 

  • El senado y el congreso se encuentran altamente polarizados.  El trabajo conjunto entre ambos lados del pasillo – entre demócratas y republicanos (lo que llamamos “bipartisanship”) es hoy por hoy inexistente. Esta polarización alimenta la hostilidad en ambas cámaras. Al otro lado de este espectro estaría la gran gestión realizada por Bill Clinton, considerado como un maestro a la hora de unir a los demócratas y republicanos por el consenso común en las cámaras legislativas.

 

  • La actual coyuntura social y económica de EE.UU. sigue siendo desalentadora. Por un lado, las cifras recientemente publicadas por el US Bureau of Economic Analisis (BEA) siguen siendo malas.  Según esta institución, el producto interior bruto de EE.UU. creció a un ritmo del 1,6% para el segundo cuarto del 2010, en comparación con el 3,7% de crecimiento durante el primer cuarto.  La economía de EE.UU. está creciendo a ritmos muy por debajo de los previstos.

 

  • Socialmente, los datos de desempleo no bajan de entre el 9% y 10% de la población activa. Más de 2,5 millones de personas han perdido su empleo desde que Obama implementó el paquete de estimulo económico en febrero de 2009. Consecuentemente, las cifras de pobreza han ido en aumento desde que Obama llegó a la administración. La tasa de pobreza ha pasado de ser del 13,2% de la población en el 2009 al 14,3% en el 2010.  Eso se traduce a que en EE.UU. hay ahora 4 millones más de pobres que hace un año.  Estas cifras están haciendo mucho daño a la imagen de la administración de Obama, que es incapaz de poner freno a una sangrante economía.

 

  • Las dos guerras abiertas que tienen en Irak y Afganistán están sangrando con cuenta gotas las vidas de miles de solados norteamericanos. Obama siempre votó en contra de la guerra de Irak y al envío de tropas. Pero ya de presidente, su posicionamiento ha cambiado drásticamente. El 1 de diciembre del pasado año, Obama anunció el envío de 30,000 soldados mas al frente en Afganistán, calificándolo de un movimiento estratégico de “interés vital” para la seguridad de Estados Unidos.

 

  • La “descafeinada” reforma sanitaria ha roto el país en dos y es una de las razones principales del surgimiento del movimiento conservador Tea Party. Los analistas coinciden en que Obama ha desgastado demasiado capital humano en esta reforma y que debió de haberse centrado más en la economía.

 

  • Los recientes problemas de inmigración en Arizona y el vertido de crudo en el golfo de Méjico, aun no teniendo él la culpa, quiera o no le pasan factura a su administración y son caramelos para la oposición.

 

  • En el marco de su imagen, Obama esta clarísimamente sobre-expuesto a los medios de comunicación. Sus apariciones constantes en la televisión y demás medios a todas horas (a nivel mundial) devalúan y desgastan su imagen de marca.

 

  • La reciente dimisión y marcha voluntaria de su jefe de gabinete Rahm Emanuel para optar a la alcaldía de Chicago también ha hecho mella de cara a los electores.

Con todo esto es evidente que Obama ya haya empezado a cosechar resultados electorales negativos a lo largo de este año.  La más sonada a nivel nacional fue la pérdida por parte de los Demócratas del asiento del difunto senador Ted Kennedy en Massachusetts a favor del Republicano Scott Brown, en una elección en la que trabajé en los headquarters del partido en la ciudad de Boston.

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